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Francisco niega ser peronista y asegura que quiere venir a la Argentina


Públicamente, el Papa Francisco habla poco de la Argentina. Sus escasas alusiones suelen ser muy generales, principalmente llamando al diálogo. Sin embargo, a poco de comenzar el año, sorprendió al manifestar en una entrevista periodística su preocupación por el fuerte crecimiento de la pobreza en las últimas décadas y por la “impresionante” inflación. Ahora, en un libro que acaba de lanzarse, responde a cuestiones que con frecuencia lo tienen en el centro de las polémicas y como blanco de críticas.


¿Es peronista Jorge Bergoglio? ¿Por qué recibe a tantos peronistas? ¿Hace de la pobreza una virtud que lleva a que le achaquen fomentar el “pobrísimo”? ¿Condena la riqueza y al mismísimo capitalismo? ¿Apaña a los sindicalistas y a los líderes piqueteros? ¿Realmente no quiere venir a la Argentina? Estas preguntas son algunas de las que responde en el libro El Pastor: Desafíos, razones y reflexiones de Francisco sobre su pontificado, que se acaba de lanzar en el país y el mundo.


El libro recoge las conversaciones que con la tan apreciada colega italiana Francesca Ambrogetti mantuvimos a lo largo de casi una década con Francisco y que, de alguna manera, compendia los diez años de su pontificado que se van a cumplir el 13 de marzo. Junto con el relato de su elección y anécdotas, el Papa expone sus acciones para combatir los abusos sexuales cometidos por clérigos y para transparentar las finanzas vaticanas, así como las resistencias internas que afronta.


Además, en un capítulo sobre la Argentina, niega ser peronista. “Nunca estuve afiliado al partido peronista, ni siquiera fui militante o simpatizante del peronismo. Afirmar eso es una mentira. Tampoco estuve afiliado a Guardia de Hierro como dijeron algunos. La presencia de esa agrupación peronista en los ‘70, en la Universidad Del Salvador -de la orden jesuita de la cual él era el superior-, y mis escritos sobre la justicia social llevaron a que se dijera que soy peronista”.


No obstante, Francisco considera que simpatizar con el peronismo no es algo en sí mismo criticable. “En la hipótesis de tener una concepción peronista de la política, ¿qué tendría de malo?”, pregunta. Y en respuesta a quienes le achacan recibir a muchos peronistas, responde: “Yo recibí y recibo a todos. Pero a veces hay algunos que buscan sacar rédito político, no siempre con buenas artes”.


“Me viene a la memoria -recuerda- el caso de un candidato que asistió a la misa en Santa Marta. Al final me preguntó si podía tomarse una foto conmigo, le dije que sí y le pedí que no hiciera ninguna travesura. Me respondió que la foto era para compartirla con la familia, pero a la semana siguiente Buenos Aires apareció empapelada con afiches de campaña de su foto. Eso no se hace”.


Y completa el episodio: “Para colmo -subraya-, la foto estaba trucada porque se quitó el entorno de la capilla y de las demás personas que estaban presentes para dar la impresión de que haber sido tomada en un encuentro a solas”.


No podía faltar la consulta acerca de su postergado viaje a su patria. “El propósito de viajar a la Argentina sigue vigente; es injusto decir que no quiero ir”, asegura. Apunta que estuvo “cerca de hacerlo en noviembre de 2017″. “Quería repetir el periplo que hizo Juan Pablo II en 1987 y también visitar Uruguay y Chile. Sin embargo, la gira se complicó porque había elecciones en Chile”, explica.


Francisco sale al cruce de quienes lo acusan de fomentar el “pobrismo”. “En ninguna parte de la Biblia figura un mandamiento de producir pobreza. Sí, es bienaventurado el pobre de espíritu, el que no está apegado a la riqueza”, dice. “Pero de ninguna manera está mal producir riqueza para el bien de todos. Diría más: producir es un acto de justicia”, redondea.


“No condeno el capitalismo como me adjudican algunos”, también aclara. “Tampoco estoy en contra del mercado, sino a favor de lo que Juan Pablo II definía como economía social de mercado. Esto implica la presencia de una ‘pata’ reguladora, que es el Estado, que debe mediar entre las partes. Es una mesa de tres patas: Estado, capital y trabajo”, precisa.


Ante una pregunta sobre la proliferación y perpetuación de los planes sociales, el Papa afirma que “la ayuda económica del Estado al desempleado debe ser pasajera para no afectar la cultura del trabajo”. “Además, tengamos en cuenta que el trabajo hace a la dignidad de las personas y una cosa es vivir de la caridad y otra es ganárselo con el propio esfuerzo”, sostiene.


Además, Francisco advierte sobre los malos sindicalistas. “Los atropellos a la dignidad del trabajador y sus derechos no solo provienen de ciertos patrones -asevera- , sino también de aquellos sindicatos que se enferman porque sus dirigentes van lentamente elevando su nivel de vida y olvidándose de sus representados”.


En cuanto a la corrupción en las finanzas vaticanas -el libro compendia sus medidas al igual que las referidas a los abusos-, afirma que “el dinero es una tentación fuerte. El diablo entra por el bolsillo, la corrupción empieza por el dinero y con el dinero se compran conciencias. Y en la Iglesia esto lamentablemente pasó. Para decirlo de un modo llano, en el IOR (el banco vaticano) tuve que ‘cortar cabezas’”.


Con respecto al abuso sexual señala que “no solo es un delito, sino un delito grave cuyo daño es irreparable y obviamente demanda una severa condena. El proceso (para combatirlo) que se inició dentro la Iglesia antes de mi elección está teniendo resultado. El informe que la Justicia de Pensilvania difundió en 2018 detectó poquísimos casos desde 2002″.


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Hacia el final -tras referirse a la pandemia y la guerra en Ucrania- reitera que su renuncia “ya está firmada por si padezco una enfermedad que me impida continuar.” Dice que no le tiene “miedo a la muerte, no sé si por inconsciencia o porque no me lo planteo. Pero le pido a Dios que cuando me llegue la hora, lo que me ocurra no me duela”.

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