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Diego Valeri, el “bibliotecario” que va a misa, conquistó la MLS y ahora trabaja para Apple


Diego Hernán Valeri parece un tipo feliz. Está tranquilo, como a mano con la vida después de una carrera futbolística exitosa, con pasos que dejaron huella en clubes donde es ídolo, nada menos y con un tránsito saludable hacia el famoso día después que lo encontró bien plantada, consciente y entretenido. Este exjugador de toque distinguido con la pelota nos recibe en su casa y habla.


Le gusta contar lo que fue y lo que viene, por ejemplo, en una liga como la MLS, de la que tiene la llave que ahora le abrió las puertas nada menos que a Lionel Andrés Messi. Y Valeri es acaso la palabra argentina más distinguida para contar de qué se trata este nuevo desafío que afrontará el mejor del mundo allí donde el mismísimo Valeri se ganó el mayor respeto futbolístico con la camiseta del Portland.


Su dimensión en una liga definitivamente instalada lo llevó a ser contratado como analista de Apple con un ciclo llamado “MLS Season pass” que es una aplicación para disfrutar de todos los partidos de la liga. “Lo hago con mucha responsabilidad porque sé que es un proyecto muy serio. Viajo los viernes a Nueva York y los sábados desde las 14 horas hasta pasada la medianoche estoy dentro de un estudio de televisión comentando partidos”.


Valeri, que hoy cuenta 37 años, llegó a la liga siendo solo una expectativa y terminó en base a talento y logros a ser una referencia en la MLS. “Nos encanta vivir en Portland a pesar de que a mi hija Constanza le tiran los afectos en Buenos Aires. Yo, por cuestiones laborales, prefiero Nueva York, pero a mi mujer no le gusta. Es que en realidad ella prefiere la comodidad de Portland, porque es una ciudad chica y tenemos todo a mano”.


Valeri se crió en las calles de Valentín Alsina donde su familia vivía del trabajo de su padre en una fábrica de calzados. En cuanto Lanús le dio la primera oportunidad al hijo de la señora que jugaba al tenis en el club, el pibe desparramó todo su talento y con tan solo una breve prueba pasó a formar parte de las inferiores granates.


Diego es católico y franciscano y junto a su esposa suelen ir a la iglesia San Miguel Arcángel de Lanús. Desde el edificio donde vive y recibió a TN dice y repasa: “Pasé de tener el poster de Ibagaza y Coyette en mi habitación a ser sparring de la Selección de Marcelo Bielsa. Me la pasaba mirando a Batistuta, Crespo, Zanetti, Aimar y Lucho González. Cuando fui por primera vez a jugar a la cancha número 1 en Lanús me agarró Carlos Galván y me tiró contra los carteles. Ahí empecé a darme cuenta de que estaba en Primera”.


¿De qué se trata tu nueva vida?


- Es una etapa que nos toca vivir a todos los que fuimos futbolistas profesionales. Lo llamativo es que ese momento llega muy rápido. A mí me parece que fue ayer cuando empecé a jugar a la pelota. Y ahora estoy empezando a conocer de qué se trata este segundo tiempo.


¿Tuviste que prepararte para afrontar el retiro?


-Si bien el retiro puede pasar en cualquier momento de tu carrera, uno lo va pensando. Yo sabía que a medida que mi carrera avanzaba, los tiempos se iban acortando. Por eso empecé a moverme en otros ambientes e ir en busca de otros espacios. Lo bueno es que disfrutás mucho el día a día, por eso no tuve tantos inconvenientes en poner el punto final.


¿Cómo fue tu última etapa como jugador?


-Estuve mucho con mis compañeros en Lanús e hice cosas que antes no había hecho, como recorrer el polideportivo, los espacios al aire libre que tiene el club, la cancha. Empecé a ser consciente de que cada cosita tenía mucho valor porque intuía que el final se acercaba. Ahora no sufro no tener los entrenamientos de rutina, pero sí padezco no poder jugar un partido de fútbol. Extraño la sensación de competir, ver a la hinchada alentando y poder gritar un gol.


¿Estás conforme con tu carrera?


- Fue la carrera que tuvo que ser y yo le dí valor a medida que se iba desarrollando. Estuve muy identificado con Lanús y con Portland, de los Estados Unidos. Me hace muy bien saber que pertenezco a la historia de cada uno de ellos y poder sentirme parte de esos dos clubes. Fijate que la mayoría de los jugadores transita por varios equipos y a mí me gratifica haber estado muchos años en el club de mi vida y en Portland, al que considero mi segunda casa.


¿Qué es el sentido de pertenencia?


- Lo que te voy a contar ahora. Yo soy nacido en Valentín Alsina y me formé como persona en Lanús. Mi mamá practicaba tenis en el club y yo andaba dando vueltas por el club hasta que me puse a jugar a la pelota con algunos chicos que andaban por ahí. Con esos mismos chicos nos fuimos a probar y terminé quedando. Mi mamá intentó frenarme pero ya era tarde. Mientras hacía las inferiores iba a la cancha y disfrutaba del fútbol de Ariel Ibagaza, Hugo Morales, Ariel “Chupa” López. Eso creo que me dio sentido de pertenencia porque además en la Argentina solo jugué en Lanús.


Y le dieron la primera estrella al club...


- Eso nos hace ser muy especiales para el hincha. Esa etapa fue muy especial porque ese equipo tenía muchos chicos formados en Lanús más la experiencia de Carlos Bossio, Rodolfo Graieb, Maxi Velázquez y José “Pepe” Sand. Los pibes, además de capacidad, teníamos un grado de ambición muy grande. Y no nos olvidemos que tanto Ramón Cabrero como Luis Zubeldía eran gente de la casa. Todo ese grupo llevó a Lanús a tener otro tipo de competencia porque, por ejemplo, empezamos a jugar la Copa Libertadores.


¿Morías por jugar en Europa?


- Es que todos esos pibes teníamos ganas de seguir creciendo. Yo tenía solo 22 años y con Lanús había salido campeón y jugado la Libertadores. Pero a pesar de pasar a Porto de Portugal, la dirigencia me cedió a préstamo por dos años. Se terminó ese proceso y en 2011 me volví a Lanús con las ganas de seguir disfrutando del club de mi vida, pero sabiendo que en algún momento otra propuesta podría aparecer. Ese Lanús 2011 se armó para ganar la Libertadores porque tenía a Mario Regueiro, Mauro Camoranesi, Silvio Romero y Mariano Pavone, pero nos quedamos afuera por penales contra Vasco da Gama.


¿Sos bibliotecario?


- Jajaja, no, no. Me dicen bibliotecario porque me gusta la lectura. Eso me lo inculcaron desde chico en el colegio. A mí me despierta mucho el mundo interior, la imaginación, la abstracción que te da la lectura. Empecé leyendo libros como Mi árbol de naranja lima, Por quien doblan las campanas, Fútbol a sol y sombra, Las venas abiertas de América Latina. Como yo debute siendo chico nunca pude estudiar una carrera universitaria y ese es uno de los objetivos que me propuse.


¿Leer te alejaba del grupo?


- Para nada porque todo ese momento de soledad de agarrar un libro y luego leerlo se complementa muy bien cuando te acercas al otro. La lectura es para compartirla y nunca me oculté para leer. No es habitual que los futbolistas anden leyendo pero tampoco te hace un antigrupo porque mis compañeros siempre me respetaron. Incluso creo que la lectura me ayudó a jugar mejor, porque primero se juega con la cabeza y luego con el cuerpo. Si estás enfrascado pensando solo en el fútbol eso no ayuda para nada. La lectura te contacta con el mundo y después llevarlo al oficio que uno tenga.


¿Cómo llegaste a la MLS?


- Como a mí me hubiera gustado seguir en Porto, no quería volver a jugar en Europa a cualquier costo. Y de este lado del continente tenía propuestas de México y Estados Unidos. Con mi mujer evaluamos muchas cosas y elegimos la MLS. En 2005 con Lanús habíamos ido a jugar un amistoso contra un equipo japonés en California. Los motivos de ese partido amistoso no los conozco, pero sucedió. Fuimos todos los pibes que estábamos con el plantel de Primera. El partido fue en el predio del Galaxy y me volví loco por los espacios, por la estructura de la ciudad deportiva, yo estaba maravillado. Me dije con 18 años “qué buen lugar para jugar al fútbol”.


¿Aquel amistoso fue vital?


- Claro, y encima en la MLS estaba jugando Javier Morales, al que conocía. Me empecé a interiorizar sobre los equipos cuando David Beckham y Thierry Henry empezaron a jugar allí. Con mi mujer nos motivaba conocer otro idioma y otra cultura. Los primeros que me llamaron para ir fueron Chicago y Seattle, que eran la contra de Portland. Cuando la oferta de Portland tomó seriedad, con mi mujer empezamos a ver videos de la ciudad y de algunos partidos del equipo. Me fascinó la estructura que tenía el estadio y que siempre jugaba a cancha llena. Portland tiene la hinchada más grande del país porque son seguidores, organizados y trabajan para la comunidad. Lanús tiene a “La 14″ y Portland a “La 107″. Tenía 26 años y era el momento ideal para tener una nueva experiencia.


¿En qué momento de la MLS llegaste?


- En un momento bisagra porque no se apostaba llevar a jugadores franquicia, sino a valores jóvenes. Cuando llegué a Portland los hinchas dudaban de mí porque yo no era una estrella mundial. Efectivamente fue una apuesta porque llegué en calidad de préstamo y al corto tiempo me compraron. Como mi primera temporada fue buena, los managers entendieron que valía la pena apostar por jugadores de poca vidriera. Ojo que los David Villa y los Zlatan Ibrahimovic seguían llegando.


¿Le abriste la puerta a los sudamericanos?


- Yo creo que sí porque llegó el 10 de Lanús y no el 10 del Milan. Llegaron Ignacio Piatti, Nicolas Lodeiro, Pity Martínez, Ezequiel Barco y Miguel Almirón. Estos jugadores empezaron a potenciar a la MLS.


¿Cómo te ganaste la idolatría?


- En el primer año los hinchas me amaban porque era un club que nunca había peleado por algo importante. Ganamos nuestra conferencia y jugamos la final de la MLS. Con Portland pudimos consagrarnos en 2015 donde logré ser elegido como el mejor jugador de la final. Empecé a ser una cara de Portland y de la liga en general. Todo de la mano de un gran equipo que se acostumbró a jugar finales.


¿Cómo era el día a día estando en la cresta de la ola?


- Portland es una ciudad demasiado tranquila. A pesar de que iba tomando popularidad con el paso del tiempo, siempre fui uno más de ellos. En Estados Unidos te perdés de lo inmenso que es y además el fútbol no está al nivel de la NBA ni de la NFL. Pero se sigue posicionando en el espectador joven.

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